jueves, 9 de abril de 2015

Silvio Zavala

(in memoriam)

 Juan José Barrientos

      Al leer la noticia del fallecimiento de Don Silvio Zavala, recordé su generosidad, pues hace décadas me apoyó para que la Secretaría de Relaciones Exteriores oficializara mi candidatura a un importante puesto  en la UNESCO y años antes para que pudiera enseñar como lector en la Universidad de París-Sorbonne.


   Por ese motivo le dediqué mi artículo sobre “Colón en el cine y la televisión” publicado en la revista Tierra adentro a fines de 1991 y que traducido al italiano, gracias a una colega, también apareció en unos Quaderni de la Universidad de Macerata, donde ella era profesora.

   A fines de los ochenta revisé la lista de puestos vacantes en la Unesco por si alguno me servía para volver a París, y lo único interesante que vi era el de Director general de la División del arte, los intercambios culturales y el fomento del libro, y por no dejar presenté mi solicitud y mi curriculum, pues ya estaba por vencer el plazo para hacerlo.

    Hecho esto y luego de comprobar que no había ningún otro candidato mexicano, lo procedente era tratar de que se oficializara mi candidatura y ahí es donde le pedí apoyo a Don Silvio, que luego me envió copia de una carta en que Don Fernando Solana le informaba que ya había girado instrucciones al respecto.
    Por supuesto, tuve que convencer a otras personas para que mandaran a la Unesco cartas de apoyo, como la mamá de Adriana Menassé, que era la representante del Salón de la plástica mexicana, Y Javier Wimer, que estaba a cargo de los libros de texto, así como Mario Valdés que era entonces el presidente de la Modern Language Association, una centenaria organización.

     En 1989 volé a París y de ahí me trasladé a Barcelona para participar en un congreso; para aprovechar el viaje me quedé un mes en Madrid, donde pude ver en la Filmoteca española unas películas acerca de Colón; incluso me facilitaron una moviola para que las analizara cuadro por cuadro…y volví a París para ver qué había pasado en la UNESCO.

     Me enteré así, por Fernando Aínsa, que el nuevo Director general de ese organismo, Federico Mayor, tenía especial interés en que el puesto para el que yo era el candidato del gobierno de México lo ocupara Milagros del Corral, que había sido su colaboradora cercana en el Ministerio de Cultura en España.

     De acuerdo con el principio de la distribución geográfica, ese puesto le correspondía a México, pero ya se imaginarán que así terminó mi incipiente y meteórica carrera como funcionario internacional.
    Me sentí aliviado, en realidad, pues yo no quería un puestazo sino sólo alguna chamba, como la de Cortázar o Aínsa.
     Entonces le debí pedir a Solana que me nombrara agregado cultura en alguna embajada, pero ya no recuerdo qué pasó y creo que luego dejó su cargo.

      Terminé luego mi artículo sobre las películas de Colón y se lo dediqué a Don Silvio, pues antes
ya me había apoyado para que enseñara en la Sorbonne.
    Yo era lector en la Universidad de Toulouse, debido a que Aguilar Mora, un compañero de estudios en el Colmex, me pidió que lo remplazara, y de ahí me quería pasar a París.
    Le escribí a tres profesores importante –Paul Verdevoye, Louis Urrutia  y Jacques Lafaye–, y los tres me contestaron interesados.
     El que tenía una vacante, sin embargo, era Lafaye, y Georges Baudot me sugirió que le escribiera al Dr. Zavala para que me apoyara, pues él sabía que Lafaye iba seguido a verlo  en la embajada.
      Entonces le informé que yo había estudiado en El Colegio de México, que estaba como lector en Toulouse, pero me quería ir a París, etcétera, y …asunto arreglado.

      No puedo por todo eso dejar de expresar mi gratitud al gran historiador y hombre generoso.  

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